El hogar-veneno: el interior de nuestras casas está contaminado

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Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en interiores, tanto en nuestro hogar como en el trabajo. ¿Creemos estar a salvo de la contaminación? Nada de eso. El interior de los edificios está de un 5 a un 10% más contaminado que el exterior. Esta es una de las razones por las que el asma está tan extendido, y seguirá creciendo, ya que estamos expuestos a esta contaminación química invisible dentro de nuestros hogares, oficinas o coches. En un documental realizado en Francia, una madre descubre que el asma de su hijo se ve agravado desde las recientes reformas realizadas en el apartamento (colocar suelo laminado, pintar paredes, etc.), cambios en el mobiliario (cama, sofá), y también por el uso de velas perfumadas. Todo este conjunto emitía una sustancia nociva llamada formaldehído, la cual se encuentra en los tejidos de los sofás, en pegamentos, pinturas, colas de la madera aglomerada, velas perfumadas, etc.

¿Hacer la limpieza con productos convencionales ayuda a mantener un ambiente sano? De ninguna manera
Otro de los contaminantes del hogar son los productos de limpieza que, en lugar de purificar degradan la calidad del aire. No sabemos los componentes que contienen los productos de limpieza, no figuran en la etiqueta. Un estudio realizado sobre las emisiones contaminantes muestra que se encontraron más de 30 COV (Compuestos Orgánicos Volátiles) y un 91% de formaldehído, amonio y terpenos (que dan olor a los productos de limpieza, ambientadores o velas). En los detergentes para baños y lavabos se encuentra amoniaco en gran cantidad.

El INSHT (Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo) en sus Notas Técnicas de Prevención (NTP 521) advierte de la liberación de productos tóxicos de los productos de limpieza. Sin que el listado de sustancias peligrosas que se dan en tales notas técnicas sea demasiado completo, sirve, no obstante, para hacerse una idea de la inquietante mezcla química que los productos de limpieza pueden emitir en un espacio cerrado. Así, por ejemplo, jabones y detergentes pueden emitir sulfato de alquil aril poliéter, alcohol sulfonatos, aquil fenol poliglicol éter, polietilenglicol alquil aril éter, alcoholes, alquil sodio isotianatos, formaldehido. Que los limpiadores universales (detergentes combinados, agentes antigrasa, disolventes y desinfectantes) pueden liberar amoníaco, acetato de monobutil etilenglicol, hipoclorito sódico. Los desinfectantes: fenol, cresol, hipoclorito sódico, sales de amonio cuaternario, amoníaco, formaldehido. Los limpiacristales: hidróxido amónico, amoníaco, isopropanol. Los quitamanchas y limpiatextiles: tetracloroetileno, tricloroetileno, metanol, disolventes derivados del petróleo, benceno, tricloroetano. Los disolventes de grasas: tetracloruro de carbono, tolueno, xileno, tricloroetileno. Los desengrasantes: acetato de monobutil etilenglicol, etilenglicol monobutil éter. Los productos usados para pulir muebles: amoníaco, nafta, nitrobenceno, destilados de petróleo, fenol. Los abrillantadores de suelo, nitrobenceno. Y los aerosoles: propano, óxido nitroso, cloruro de metileno.

El uso de productos de limpieza puede originar cambios muy notables en la química del aire que respiramos en un hogar. Por ejemplo, se ha estudiado los terpenos, sustancias que suelen estar en gran cantidad en muchos de ellos, pueden reaccionar con el ozono presente dentro de las habitaciones originando fuertes elevaciones de la concentración de formaldehido.

También se han descrito situaciones en las que pueden darse altas exposiciones a sustancias como el 2-butoxietanol (un éter de glicol), tales como la limpieza de ventanas en un espacio con poca ventilación, o la limpieza de un baño. E incluso puede haber consecuencias sanitarias no derivadas de los efectos de las sustancias en sí mismas sobre el organismo humano, sino indirectos, como son las consecuencias que la creación de entornos excesivamente asépticos puede tener sobre la maduración del sistema inmunológico. Eso es lo que sostiene la llamada “teoría de la higiene” que explicaría, en parte, el auge de las alergias.

¿Debemos elegir productos ecológicos?
Sí, pero no cualquiera. Los productos etiquetados como ecológicos que se encuentran en supermercados siguen siendo insuficientes. El informe establece claramente que en estos productos no se ha eliminado la presencia de productos químicos, porque los COV (Compuestos Orgánicos Volátiles) no están prohibidos. Se permite un máximo de 6% de COV en los productos ecológicos.

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